
La madre de mi abuela se llamaba Manuela, pero en casa todos le decíamos la abuela Mela. Ella era la menor de cuatro hermanos, tres mujeres y un varón.
Mela tenía un novio que era "fidedero",(según mi abuela, dícese del que hace fideos). Pero, no pudo casarse con él porque su padre se lo impidió. Y es que su padre le tenía el dinero guardado a Juan , un señor de unos cuarenta años, que estaba gravemente enfermo. Juan dejó Algeciras para recibir tratamiento en Cádiz. Y como en la época los pobres no se fiaban de los bancos , le dejó al padre de Mela el dinero, pensando que estaría en buenas manos.
Al pasar el tiempo y no aparecer Juan por allí, poco a poco la familia de Mela, fue gastando el dinero. Ya se sabe que el hambre, que en esos tiempos había mucha, es muy mala, y la necesidad, obliga. Pensaban que Juan ya no volvería, porque debido a su grave enfermedad, pasaría a mejor vida.
Pero Juan se recuperó y cuando reclamó su dinero ya no quedaba ni un real. Así que para compensárselo, decidieron casar a Mela con él. Ya que sus otras hermanas tenían novio formal, y el de ella aún no lo era.
Así que tuvo que hablar con su novio y decirle lo que había pasado. Y este no se lo tomó demasiado bien, y le dijo:"Manuela, si te vuelvo a ver te mato". Así que blanquita como la pared, regresó mi bisabuela a su casa, donde se hicieron los preparativos de la boda.
No pudo ni siquiera casarse de blanco, porque hacia unos meses su abuela había muerto, y el luto era el luto. Así que con un vestido negro se casó, con aquel señor 20 años mayor que ella, y al que no conocía de nada.
Un día Mela se entretuvo mirando un escaparate, y en el reflejo del cristal, pudo ver a su exnovio, el "fidedero". Habían pasado muchisimos años desde que lo dejó plantado, pero a mi bisabuela se le descompuso el cuerpo. Y echó a correr hasta llegar a su casa.
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